CAPITULO I
-Es el mal de los hombres el que olvidan. Pero yo recuerdo bien.- Dijo la bella joven mirando todo y nada al mismo tiempo. -Recuerdo como mi madre besaba mis hojas por las noches; antes de la mañana en que saldría a matar. Luego de que yo dejara preparadas mis armas, antes de la batalla, tal y como ella y mi Padre me enseñaron. Después de que me quedara una horas meditando en mi habitación, frente a un pequeño altar; en el que descansaban mis hojas. Cuando me quedaba dormida, o mientras fingía hacerlo; ella entraba en mi habitación sin hacer el menor ruido. Oírla caminar era imposible. Su maestría era absoluta; caminaba como a ella le había enseñado su padre y su madre, tal y como me enseñaron a caminar a mi.-
-¿Así que por eso flotas sobre el aire al caminar?- Pregunto El mientras encendía el ultimo pito que le quedaba.
-Si.- Respondió ella. Parada en puntas de pie, haciendo un pequeño giro para quedar frente a el y seguirle contando.
-Ella flotaba, como lo pones tu, no desde la puerta; sino que desde el pasillo, quizás del lugar en el que estuviera al ponerse de pie. Y desde ahí caminaba ocultando su presencia. Hasta llegar frente al altar. Ahí se arrodillaba y besaba mis hojas.
Originalmente no lo sabía. Mi primera misión fue de muy joven; algo muy sencillo. Mucho antes de ser capaz de engañar a mi Madre y hacerme la dormida; o de tener la capacidad para darme cuenta de su presencia, y de lo que hacía antes de que mi Padre besara mi frente. Ella besaba mis hojas y el a mí.
En un principio me di cuenta porque vi sus labios marcados claramente en la hoja de una de mis espadas. Mi madre tenía unos labios hermosos.- Dijo bajando de la punta de sus pies, para luego caminar ingrávida hasta él; cruzando sus tobillos con cada paso. Como una pantera, morena y peligrosa.
-¿Más hermosos que los tuyos?- Pregunto él, dejando escapar algo del humo de sus pulmones; para luego exhalar por la nariz el resto.
Ella no pudo evitar una sonrisa. Sus dientes blancos hacían perfecto contraste contras sus oscuros y sensuales labios. Rara vez se sentía así, no era algo que su línea de trabajo le permitiera. Debía admitir que le gustaba mucho como aquel hombre la hacía sentir en confianza; mucho, quizás demasiado. Algo raro había en él; pero aun así respondió.
-Dicen que tengo los labios de mi madre.- Dijo dando un giro de ciento ochenta grados, que le permitió a El ver su firme trasero.
-¿Dicen? ¿Y qué crees tú?- Pregunto antes de volver a aspirar de su porro de marihuana.
-Yo creo que soy la viva imagen de mi madre.- Respondió Ella. Girando su cabeza por encima de su hombro, para luego, completar los trescientos sesenta grados; enfilando nuevamente hacia El.
-Tu madre debió ser la mujer más bella del mundo. Lo lamento.- Y dejo escapar el resto del humo por su nariz.
-¿Qué cosa?- Pregunto ella, ya sin sonrisa
-Que tu bella Madre no viva para verte continuar su reinado, como la mujer más bella del mundo.- Respondió el hombre alto; incapaz de abrir más los ojos, producto de la cannabis. De pie apoyado contra la pequeña pared de piedra y mortero, que bordeaba la plaza donde conversaban a tan altas horas del anochecer.
-¿Cómo sabes que ella…?- La hermosa asesina no pudo terminar su pregunta.
-Por como dijiste que eras su viva imagen. No dijiste que eras igual a ella, porque no tienes una “ella” a la cual compararte.-
Por un instante los pies de Ella volvieron a tocar el suelo.
-No lo había pensado así. Pero gracias.- Dijo y volvió a sonreír. Mientras caminaba el último paso que la alejaba de él, y extendió su mano para que le pasara el canuto, encendido y humeante.
El le extendió su mano y le paso el caño mientras le preguntaba -¿Cómo paso?-
-Una misión. Un blanco muy difícil y mejor preparado. No quiero conversar de eso.- Con el ánimo turbado se sentó en el pequeño muro de piedra, junto a él; a fumar de la relajante Ganya que le estaba invitando.
-Lo siento. Supongo que no es tema para conversarlo con alguien a quien vienes recién conociendo.- Su tono la calmo y reconforto.
-En realidad es muy fácil hablar contigo. Nunca me había sentido así con nadie. Creo, es más, estoy segura de que me hechizaste. La pregunta es ¿para qué?- Dijo y lo miro sonriendo con algo de picardía.
-Es un hechizo, si. Pero de esos que no requieran magia, sino ingredientes. Es la alquimia de la conversación, hermosa morena. Es un poco la hierba; y en otra, no tan despreciable medida, el hecho de que quizás, nunca te habían escuchado tanto.- Respondió extendiendo la mano para recuperar el tabaco que los hacía reír.
Ella cambio de posición, bajándose del muro y parándose frente a El; invadiendo su espacio personal con su belleza. Poniendo su cara frente a la del; quien quedaba más bajo que su altura real, al seguir apoyado contra el pequeño muro. Ella no se acerco más, tanto como ella quería, para no quemarse con el cilindro canabico; al cual su interlocutor le daba una fuerte y profunda aspirada. Aunque se dio cuenta, al sentir tan cerca el calor del pito, que sus reflejos estaban bastante lentos. Por alguna extraña razón, esto le causo risa.
-¿Así que ese es el secreto de tu magia? El ser bueno escuchando.-
El, aguantando la respiración, asintió con la cabeza; manteniendo una picara sonrisa, sin separar sus labios. Bajo la rama encendida, para evitar que los separar; y se acerco a su bella y peligrosa interlocutora.
Ella se acerco más a su rostro. Con una sonrisa de descaro en su hermosa boca; saboreando el momento, antes de convertir a su presa en su víctima. El abrió su boca y cubrió su avance con una cortina de humo blanco. En el momento en que ella se detuvo, sorprendida por el humo; el atravesó la nube y la beso. Toco y presiono ligeramente los labios de Ella con los suyos; y se quedo ahí, disfrutando de la textura y el calor de esos labios.
La bella y peligrosa mujer se quedo inmóvil, entre el desconcierto, el placer y la curiosidad. De pie ahí frente a ese hombre que, aparentemente, podía leerla como a un libro. Sintiendo el calor y la ternura de ese beso, construido solo con labios. Se dejo seducir por ese beso; que no era beso sino más bien, promesa de beso. Separo sus gruesos y sensuales labios, y espero a que el imitara su movimiento; unieron sus bocas en un roce de labios y lenguas, tierno pero profundo, que denotaba una fuerza y una pasión que comenzaba a escapar.
Entonces El libero de sus pulmones el humo, que había guardado para Ella, en su boca. La sensación del humo en medio del beso le resulto algo extraña; ajena a su vida de no compartir. Aun así inhalo el humo y continúo besándolo; a cambio de lo cual disfruto una extraña complicidad. Sin prestar atención a como la droga afectaría sus sentidos, ella se dejo agasajar por ese beso; hasta que El le alejo de sus labios, poniéndole fin al intenso beso sativo.
Ella se quedo unos breves instantes con los ojos cerrados, aun saboreando la alquimia del beso, y su sabor en su boca. Analizando lo que ese beso le había hecho a su cuerpo, sin que le importase el cómo o el por qué. El beso había sido frenado antes del abrazo, antes de que sus manos comenzaran a sentir sus cuerpos, antes de que el contacto y la pasión se intensificaran. Como primer acercamiento no había estado mal, y ahora ambos volvían a tomar algo de distancia. El volvió a apoyarse contra el muro y a llevarse el troncho a la boca; ella se paro derecha una vez más y entonces abrió los ojos.
Luego de darle otra aspirada, El rompió el silencio.
-Podrías sentirte así más seguido ¿sabes?-
-¿Viéndonos más seguido?-
-No. Me refería a que podrías abrirte así con la gente y conversar.-
-Me daría muchísima vergüenza.- Dijo sonriéndose, avergonzada de su timidez. –Ya te dije que nunca me había sentido tan en confianza. Tan rápido al menos.-
-Y ¿Por qué te sientes tan en confianza?-
-Aun no lo decido. Creo que es la seguridad de que no le dirías a nadie lo que yo te dijera. Sin olvidar tu hechizo para hacerme hablar, claro está.-
-Lo mismo que me has dicho a mí, se lo puedes decir al resto; sin ninguna vergüenza. Y sobre todo sabiendo que, una vez que nos mates, no se lo podremos decir a nadie.-
Ella aun sonriendo, se demoro unos segundos en analizar lo que le acaba de decir. Mientras el aspiraba el cigarrillo extraño y la hierba se encendía; se encendía en ella la sorpresa. Sin duda el lo había sabido todo este tiempo; desde el bar quizas. Su sonrisa dio paso a una confusa rabia. Sentía que había estado jugando con ella. Sin embargo ya no había razón para seguir el juego. No importaba el porqué lo había hecho; no importaba el beso o la conversación.
Se llevo su mano derecha a la espalda y tomo el mango del “Tanto”, con el que haría el trabajo.
-¿Tienes que hacerlo ahora?- La interrumpió el. Sin miedo, con la cola del canuto dejando sus labios solo lo suficiente para permitirle modular. Ella no podía creer su descaro.
Saco el tanto, afilado como una katana, con la hoja hacia abajo, con su rostro sin demostrar emoción alguna, corto la distancia entre ellos dos con un solo movimiento. El aun no demostraba temor, ni aun después de haber visto la hoja. Ella ataco con un corte circular al cuello, desde la derecha; no había forma de esquivar el ataque. Pero El lo bloqueo con su antebrazo izquierdo. La hermosa asesina esperaba ver abundante sangre, si es que no cortarle el brazo; pero sin embargo atestiguo, en cámara lenta, como su hoja era detenida, sin el menor riesgo para su víctima.
Cuando logro razonar, que su adversario llevaba algún tipo de dura protección en su brazo; El cerro la mínima distancia que los separaba. Y con su rostro frente al de ella, antes de que ella cambiara la dirección del corte, y atacara ahora por la izquierda; le escupió la, incandescente, cola del porro en el ojo izquierdo. La asesina no pudo esquivar el ataque. Por alguna razón estaba moviéndose muy lentamente. El dolor de su ojo la obligo a retroceder un paso, pero ahora se encontraba ciega. Nada que no pudiera controlar; después de recuperarse de la patada que sintió en su abdomen.
Rodo por la pequeña pendiente cubierta de pasto, sin soltar el tanto. Se incorporo al instante y cambio la dirección de la hoja; que ahora apuntaba hacia arriba. Aun sin ver, corto el vacio, en espera de acabar o herir a su atacante, que debía venir a rematarla; pero nadie estaba allí. La violencia del corte al vacio interrumpió brevemente su equilibrio. Respiro hondo y agudizo sus sentidos en espera del ataque. Pero le costaba concentrarse, tenía tantas preguntas en su cabeza. ¿Qué demonios era lo que el pasaba? Debía ser El, algo le estaba haciendo, o algo le había hecho. ¿Pero en qué momento? Ella había sido tan cuidadosa de no tomar nada, en el bar, que no viniera cerrado al vacio. Tampoco podía ser la patada en su abdomen, que apenas y le había quitado el aire. ¿Qué era? ¿Era veneno? ¿Era solo cuestión de tiempo para su muerte, y por eso el no la atacaba?
A sus oídos llego un claro -¿Estás bien morena?- La pregunta no le sorprendió; pero sin embargo, carecía de sarcasmo o burla, parecía ser en serio. Real preocupación. –No tienes nada que temer de mi. A no ser que sigas intentando matarme.-
-¿Qué fue lo que me hiciste?- Su propia pregunta la sorprendió. Ella sabía que si quería información, no podía obtenerla así; no se puede confiar en los dichos de alguien que sabe que quieres matarlo. Pero sin embargo algo dentro de ella la había forzado a preguntar, no era temor; por el contrario, era la firme convicción de que el le diría la verdad.
-Nada permanente ni grave. Solo fumaste mucho y no estás acostumbrada. Estarás como nueva después de dormir.-
Sin vacilar, ella arrojo el tanto al sitio de donde provenía su voz. Pese a sentirse enormemente más lenta aun confiaba en su puntería. Mas solo escucho el sonido de la hoja contra el muro de piedra y mortero. Una falta imperdonable para una “Genin” de su categoría; la rabia se apodero de su bello rostro, y un gruñido de su garganta.
-No te enojes. Si te sirve de algo, sabes que puedes matarme solo con tus manos.- Su voz sonaba más cerca, así como sus pasos. Ella se movió de manera instintiva para atacarlo. Sus dedos hicieron contacto con el cuero de su chaqueta, y ella cerro sus manos sobre el; sin importarle lo incomodo de realizar agarres sobre cuero. Mas la técnica para derribarlo no funciono, sus brazos se cerraron sobre la chaqueta vacía, sin un cuerpo que la ocupase; y con ella cayó al piso, aun más desorientada. Y aun más enojada; un simple tipo no podía estarse burlando así de ella. Sin embargo, aun no mediaba burla de su parte.
Desde el suelo volvió a escuchar su voz. –Dime ¿Es necesario que hagas esto de inmediato? Me refiero es que si te dieron un plazo de… no se… cuarenta y ocho horas. Tal vez sea mejor que esperes y lo hagas en otro momento. Como puedes ver, no soy una amenaza para ti.-
-No puedo ver, imbécil.- Fue su respuesta instintiva.
-Verdad. Lo lamento mucho; pero si no lo hubiera hecho me habrías matado ¿O no?.-
-Era la idea.-
-Bueno, yo no digo que deje de ser la idea; solo que no tiene por qué ser ahora. ¿O si?-
-No…- Se sorprendió a si misma de nuevo. Incluso sintió ganas de reír, pero se contuvo.
-Dime hermosa asesina. ¿Hasta cuando tienes plazo para matarme?-
-Hasta pasado mañana.-
-Tiempo de sobra para que me robes el corazón, antes arrancármelo ¿No te parece?-
Ella se incorporo sin entender de que le hablaba, y sin embargo sintiendo que su víctima tenía razón. Sin mencionar que había quedado demostrado, que en tales condiciones no podría hacer el trabajo.
Mas… -Robarle el corazón…- Pensó para sí, y sintió deseos de sonreír. Aunque no lo hizo.
-¿Tengo tu palabra de que no me atacaras, entonces?- Pregunto, justificadamente incrédulo. – Si no me atacas te curo el ojo, y nos podemos quedar en donde estábamos… Antes de que intentaras matarme.-
Ella se sentó sobre sus tobillos, pero no de una forma muy ordenada, o muy marcial. Con un dejo de pica infantil. Y meneo sus brazos de arriba abajo, a sus costados; con los ojos cerrados, haciendo puchero al responder. -¡Toy ciega weon!-
-¿Eso lo puedo interpretar como u si?-
-Si weon. Si-
El se acerco a Ella y se inclino. –Entonces dame tu mano, letal morena.- Ella estiro su mano izquierda, el se la tomo con la derecha. Y se arrodillo para quedar más a su altura. Tomo su otra mano y la ayudo a ponerse de pie; un tanto brusco. Cosa de que fuera forzoso abrazarla una vez en pie. Allí se quedo disfrutándola en sus brazos.
-¿Por qué no me has matado aun? ¿Qué estas esperando?- Dijo con una sonrisa de malicia en su cara barbuda. Contento de estar jugando con la muerte.
-Imbécil.- Fue la respuesta que obtuvo. –Cúrame el ojo, que me duele.-
-Que extraño. Siempre me imagine a la muerte como la vieja fea que describe Parra; nunca pensé que sería tan hermosa.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario